a modalidad conocida como “turismo de dientes”, asociada al buceo con tiburones, continúa en expansión en República Dominicana. Turistas provenientes de Alemania, Holanda, Suiza, España, Francia, Japón, China e India visitan cada año las costas dominicanas con el objetivo de nadar junto a especies consideradas tranquilas dentro de este grupo de peces.
Aunque la experiencia genera interés entre viajeros de distintas nacionalidades, no basta con saber nadar para realizar snorkeling o inmersiones con tiburones. Se requiere cumplir condiciones específicas, entre ellas contar con una licencia de buceo y haber completado, en los últimos seis meses, al menos 20 inmersiones previas en mar abierto.
Según explicó a Listín Diario Franklin Santos, instructor y propietario de la escuela de buceo Grand Bay of The Sea, ubicada en La Altagracia, obtener la licencia necesaria para este tipo de actividad representa una inversión considerable.
El entrenamiento cuesta alrededor de USD 470, equivalentes a RD$29,680, e incluye los equipos y las instrucciones fundamentales para formarse como buceador certificado.
La capacitación integra varios niveles. Santos detalló que el proceso inicia con el Open Water (nivel básico), continúa con el Avanzado, seguido por el nivel de Buzo de rescate, y culmina con Dive Master, el grado más alto dentro de la progresión que imparte su escuela. Muchos visitantes, según indicó, viajan con la intención de obtener su licencia inicial, mientras que otros buscan profundizar una certificación previa.
La formación requiere que los alumnos completen un manual de estudio antes de iniciar las prácticas, lo cual facilita el entendimiento de los conceptos fundamentales. En total, el proceso de entrenamiento supone unas 20 horas de preparación, entre teoría y ejercicios bajo el agua.
Santos reveló que la certificación emitida por esta escuela corresponde a la Asociación Profesional de Instructores de Buceo (PADI, por sus siglas en inglés), una de las entidades más reconocidas en el ámbito internacional.
Vestimenta y equipo
De acuerdo con Franklin Santos, para bucear con seguridad, se utilizan tanques de aluminio de 12 litros, estándar en el Caribe, mientras que los de 10 litros suelen emplearse para niños o personas de menor contextura.
A estos tanques se conecta un regulador que permite respirar bajo el agua y que incorpora cuatro mangueras: una de emergencia, otra que indica la cantidad de aire restante, una para el chaleco y otra auxiliar.

En tanto que, el chaleco compensador, disponible en todas las tallas, incluida la triple XL, permite inflarse mediante un botón.
Durante la inmersión se utiliza un cinturón con pesos ajustados al peso corporal del buceador; quienes pesan 200 libras, por ejemplo, deben llevar cerca de 20 libras en el cinturón.
También se emplean trajes de neopreno para mantener la temperatura, así como máscaras que se ajustan herméticamente al rostro para permitir visibilidad bajo el agua.

Comunicación bajo el agua
El instructor señaló que las inmersiones requieren entrenamiento previo en comunicación manual. Antes de descender, los participantes practican señales básicas para indicar que todo está bien, que algo debe corregirse o que es necesario mantener la calma.
Asimismo, se realizan ejercicios para manejar situaciones comunes, como la entrada accidental de agua en la máscara.
Bajo el agua, las reglas son estrictas: no se debe tocar nada del entorno marino y la única huella permitida son las burbujas que el buceador deja al ascender.
Estas pautas forman parte del protocolo que se enseña durante el entrenamiento para garantizar la seguridad del visitante y la preservación del ecosistema.
