¿Dónde estoy? ¿En Suiza o Francia? ¿O en los dos lugares al mismo tiempo? Antes de que la Unión Europea sea una realidad política, e incluso anticipándose a las decisiones de los poderes ejecutivos de sus respectivos países, en un rincón de Europa donde se unen las fronteras de Francia, Suiza y Alemania está el único aeropuerto binacional del mundo, que, para ampliar su generosidad, sirve a ciudades de tres países. Aquí se dan casos curiosos como que opera con tres códigos IATA, que hay una puerta de acceso francesa y otra que comunica con el territorio suizo, y que se rige por las leyes galas pero la policía helvética tiene autoridad.

Foto: Shutterstock
Cada año por este aeropuerto pasan nueve millones de pasajeros.
Bienvenidos al aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo, nombre kilométrico que describe las tres ciudades a las que sirve: la suiza Basilea (a solo 3,5 km), la francesa Mulhouse (a 20 km al sureste) y la alemana Friburgo (a 46 km al sur-suroeste). Para evitar un galimatías operativo, también se lo conoce como Euroairport; aunque en la jerga usual se lo termina llamando “aeropuerto de Basilea”. Esta conjunción hace que tenga los códigos IATA BSL (por la ciudad helvética), MLH por la gala y EAP por Euroairport.

Este aeropuerto binacional opera por un convenio firmado en 1949, pero su historia se remonta a 1930, cuando la ciudad de Basilea se dio cuenta que su aeródromo de Sternenfeld se quedaba pequeño rápidamente, y planteó una terminal operada en conjunto con Francia. La Segunda Guerra paralizó los planes, y ni bien terminó el conflicto se dio una de las muestras de hermanamiento más rápidas del Viejo Continente: el 8 de marzo de 1946 se iniciaron las obras y en dos meses se inauguraban las instalaciones con una pista de 1.200 m. El nuevo aeropuerto estaba en el municipio francés de Saint-Louis, pero el cantón de Basilea pagó los costes de la obra. Además, cortaron las cintas tres años antes que el gobierno francés y el suizo firmaran el tratado para que pueda operar.

Foto: Shutterstock
Entras al Free Shop y estás en Suiza.
El aeropuerto presenta varias situaciones que son únicas en el mundo: las instalaciones están divididas en el sector francés y el suizo. Esta última parte conecta con una carretera que transcurre por territorio galo y que desemboca, sin mediar controles aduaneros, en Basilea. O sea, uno puede entrar por una puerta que está en Francia y salir por otra que, técnicamente, pertenece a Suiza.
Como está en territorio francés, las leyes que rigen son las de ese país. Pero la policía y los servicios aduaneros suizos tienen autoridad sobre su sector. Pero para no complicar más la cuestión, desde que Suiza pasó a formar parte del espacio Schengen en 2008, el aeropuerto se reorganizó en ‘área Schengen y no Schengen’. Sin embargo, los empleados del aeropuerto, trabajen donde trabajen, están sujetos a las leyes laborales galas; lo que consideran como una oportunidad perdida porque en Suiza se suelen pagar mejores salarios.

Mari Carmen Duarte

Foto: Shutterstock
El aeropuerto está dividido en el sector francés y el suizo.
Al reparto salomónico de tareas y estructuras se sumó la representación alemana en 1987, cuando se añadió la denominación de Friburgo al actual nombre. Actualmente su consejo de administración está integrado por ocho representantes suizos, ocho franceses y dos alemanes (que no tienen derecho a voto).
Con un volumen de nueve millones de pasajeros anuales, para Suiza es su tercer aeropuerto más importante (después del de Zúrich y Ginebra) y para Francia es uno de los diez más grandes del país. Desde sus dos pistas parten unos 99.000 vuelos anuales a un centenar de destinos europeos, y en menor medida, de África del Norte y Asia central.
Actualmente operan unas 30 aerolíneas, entre ellas las españolas Iberia y Vueling, y gracias al impulso de compañías de bajo coste como easyJet, Wizz Air o SunExpress, el aeropuerto ha recobrado impulso tras las crisis desatadas por la liquidación de Swissair en 2001 y la partida de Swiss International Air Lines (antes Crossair) en 2014.