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¿República Dominicana, verdadero destino cultural?

¿República Dominicana, verdadero destino cultural?
¿República Dominicana, verdadero destino cultural?

El turismo cultural no lo construyen los países; lo edifican las ciudades. Son los territorios con identidad, patrimonio y creatividad que logran atraer visitantes, inversiones y prestigio internacional. Sin embargo, en República Dominicana esta realidad sigue siendo más discurso que política pública.

El impacto que genera el turismo, muchas veces, sólo deja beneficios a hoteles de escaso contacto de los visitantes con los encantos culturales y comercios del entorno donde los turistas se hospedan.

En 2025, el turismo mundial movilizó unos 1,520 millones de personas, 40% de esta población realizó actividades culturales. Mientras tanto, el consumo cultural local representa 1.6 % del PIB, muy por debajo del promedio mundial de 3.5 %.

Esta brecha revela una verdad incómoda: el país continúa explotando el turismo de sol y playa, pero desaprovecha su enorme riqueza cultural.

Las ciudades competitivas del mundo son también las que preservan su patrimonio, promueven festivales, fortalecen museos, teatros y espacios públicos. Aquí abundan los activos culturales, pero falta visión, coordinación y promoción.

Ni el Ministerio de Cultura, ni el Ministerio de Turismo articulan estrategias para posicionar ciudades como Baní, Santiago, Santo Domingo, Higüey, Puerto Plata o Salcedo como destinos culturales.

Ferias del mango, festivales de cigarros Procigar, congresos de música del Centro León y decenas de eventos de calidad internacional, siguen sin promoción sistemática.

Ninguno de los tres ministros de Cultura de la gestión presidencial de Luis Abinader, ni tampoco los precedentes, asumieron la tarea de proyectar las diversas ciudades en el mercado turístico mundial.

Sorprenden las tareas inconclusas del ministro de Turismo actual quien, encaramado en la sostenibilidad histórica del turismo dominicano, proyecta los éxitos actuales, a la espera del beneficio político para obtener su soñada candidatura presidencial.

El problema no es la ausencia de atractivos, sino la debilidad institucional. Muchos sitios históricos carecen de guías capacitados, narrativas modernas y experiencias memorables. El visitante llega, observa y se marcha sin comprender las leyendas y el valor universal del lugar.

Esa carencia queda evidenciada en la Casa Museo Hermanas Mirabal, catedral Santiago Apóstol y cientos de sitios, espacios de enorme significado histórico universal que, pese a su impecable infraestructura, no logran transmitir con la fuerza necesaria, la dimensión humanística acumulada.

Poseemos patrimonio, talento y diversidad cultural suficientes para competir en el mercado global. Lo que falta es liderazgo político y una estrategia que convierta la cultura en motor económico. Sin esa visión, el país seguirá siendo un destino exitoso de playas, pero una potencia turística-cultural represada.