Visitar Nueva York y no pasar por el icónico toro de Wall Street es, para muchos, como no haber estado realmente en la ciudad. La escultura de bronce situada en Bowling Green, en pleno distrito financiero de Manhattan, atrae cada día a cientos de turistas. Algunos solo se hacen una foto, otros repiten el mismo gesto curioso: tocar los cuernos y los testículos del animal. ¿La razón? Según cuenta un turista español en un vídeo viral en TikTok, tiene que ver con la buena suerte.
“La gente le toca los huevos y los cuernos. Los cuernos es como que da suerte, y los huevos es que te da suerte en tus finanzas”, explica el joven en su vídeo, que acumula miles de visualizaciones en la red social. Aunque su tono es distendido, la escena que describe es habitual: los visitantes se agolpan para tocar la escultura, “hay unas colas brutales si venís. Si vais venir, venid a primera hora” advierte el turista, enseñando una larga fila de personas convencidas de que este gesto les traerá fortuna. El fenómeno ha dado pie a bromas y comentarios de todo tipo, pero también sirve como excusa para redescubrir la historia de una de las estatuas más fotografiadas del mundo.
El Charging Bull, conocido popularmente como el toro de Wall Street, no fue colocado por encargo municipal ni aprobado inicialmente por las autoridades de la ciudad. Fue una acción casi clandestina del escultor italoamericano Arturo Di Modica, que decidió instalarlo sin permiso el 15 de diciembre de 1989, como un símbolo de fuerza y resiliencia tras el crac bursátil de 1987.
Di Modica, que había invertido más de 300.000 dólares de su propio bolsillo en la creación de la obra, eligió una madrugada para colocar el toro frente a la Bolsa de Nueva York. Al día siguiente, las autoridades lo retiraron, pero la protesta pública y el interés ciudadano fueron tales que la ciudad decidió reubicarlo de forma permanente en el parque Bowling Green, donde permanece desde entonces.
El toro, de más de 3.000 kilos de peso y unos cinco metros de largo, representa el optimismo del mercado y la agresividad de los inversores, elementos asociados con los períodos de crecimiento económico en la jerga financiera (el llamado “mercado alcista” o bull market).
Con el paso de los años, el Charging Bull se ha convertido en un icono no solo del distrito financiero, sino también de Nueva York en general. Y como ocurre con tantos símbolos populares, a su alrededor han surgido todo tipo de rituales y supersticiones.
Entre ellos, el más popular es el de tocar ciertas partes de la escultura. La idea de que los cuernos traen buena suerte es bastante común, pero lo que muchos no saben es que los testículos del toro se han convertido en una especie de amuleto para quienes desean prosperidad económica. Es habitual ver a turistas colocarse en esa zona de la estatua para frotarla mientras sus acompañantes inmortalizan el momento.
El rumor de una suspensión en los aranceles le dio una breve esperanza a las bolsas de Nueva York
El vídeo del turista español ha contribuido a explicar esta tradición en clave de humor, destacando lo que para algunos puede parecer extravagante, pero que para otros es casi una obligación al visitar Nueva York. Como él mismo resume, “la gente hace cola porque si vienes aquí y le tocas los huevos al toro vas a tener money parece ser”