Repensar el turismo o morir de éxito

Repensar el turismo o morir de éxito
Repensar el turismo o morir de éxito

Durante tres días, del 8 al 10 de abril, Córdoba se ha situado nuevamente en el centro del debate turístico nacional con la celebración del VII Congreso del Instituto para la Calidad y Sostenibilidad Turística de España (ICTES). Más de 400 profesionales, entre empresarios, responsables públicos y expertos, han compartido diagnósticos, propuestas y, sobre todo, una creciente inquietud: el modelo turístico actual comienza a mostrar signos evidentes de agotamiento. 

El tono general del congreso ha oscilado entre el optimismo institucional y una percepción cada vez más extendida de que las herramientas tradicionales resultan insuficientes. Durante años, el concepto de turismo sostenible ha servido como marco de referencia para políticas públicas y estrategias empresariales. Sin embargo, lo debatido en Córdoba sugiere que este enfoque, tal y como se ha aplicado, corre el riesgo de quedarse corto ante la magnitud de los desafíos actuales. 

El sobreturismo ha dejado de ser una cuestión puntual o circunscrita a destinos icónicos. Se ha consolidado como un fenómeno estructural que afecta tanto a grandes capitales como a ciudades medias y destinos patrimoniales. La presión sobre el espacio urbano, la vivienda, los servicios públicos y la convivencia es cada vez más visible. A ello se suma un elemento especialmente relevante: la creciente tensión no solo entre residentes y visitantes, sino dentro del propio sector turístico, donde empiezan a aflorar discrepancias sobre los límites del crecimiento y la distribución de responsabilidades. 

Este contexto obliga a replantear una cuestión de fondo: ¿es suficiente hablar de sostenibilidad? La respuesta que se desprende de muchos de los debates es, claramente, negativa. La sostenibilidad, entendida como un equilibrio teórico entre crecimiento y conservación, no siempre se traduce en transformaciones reales del modelo. En algunos casos, incluso, se ha convertido en un atributo de mercado más, sin capacidad efectiva para corregir las dinámicas actuales. 

Frente a ello, comienza a imponerse un enfoque más exigente: el del turismo responsable. No se trata únicamente de minimizar impactos, sino de garantizar que la actividad turística contribuya de forma tangible a la regeneración de los territorios, tanto desde el punto de vista económico como social y ambiental. Este planteamiento implica asumir que no todo crecimiento es deseable y que, en determinados contextos, la gestión activa de los flujos, e incluso su limitación, forma parte de una estrategia racional. 

La reflexión sobre la innovación, presente en varias sesiones del congreso, se alinea con esta evolución conceptual. Más allá de la digitalización o la mejora de la experiencia del visitante, la innovación turística debe abordar cuestiones estructurales: cómo se mide el éxito, cómo se distribuyen los beneficios o cómo se integra al residente en la ecuación turística. Sin este cambio de enfoque, existe el riesgo de que la innovación termine reforzando las mismas dinámicas que han conducido a la situación actual. 

En este sentido, lo planteado en foros recientes como Innovatur Granada a finales de octubre de 2025 mantiene plena vigencia: innovar no consiste únicamente en optimizar procesos, sino en cuestionar el propio modelo. 

El escenario del congreso ofrece, además, un ejemplo ilustrativo. Córdoba, con un posicionamiento internacional consolidado y reforzado por los reconocimientos de la UNESCO, ha experimentado en los últimos años un notable incremento de visitantes. Activos como la Mezquita-Catedral de Córdoba, Medina Azahara o la Fiesta de los Patios de Córdoba reflejan tanto el potencial como las tensiones asociadas al éxito turístico. 

Las dificultades registradas recientemente, especialmente en la gestión de flujos y la convivencia, han llevado a la adopción de medidas regulatorias y al refuerzo de la participación ciudadana. Los primeros resultados son alentadores y apuntan a una conclusión clara: la gestión activa es eficaz cuando existe coordinación entre administraciones, sector privado y ciudadanía. 

No obstante, el reto trasciende los casos concretos. El turismo se enfrenta a una paradoja creciente: es indispensable para sostener economías locales y financiar infraestructuras, pero su crecimiento descontrolado puede deteriorar los recursos que lo sustentan. A esta tensión se suma la crisis de la vivienda, que empieza a impactar directamente en el sector, limitando la capacidad de alojamiento y alimentando un debate social cada vez más intenso. 

En paralelo, destinos como Madrid o París evidencian una transformación progresiva de los centros urbanos hacia espacios orientados al consumo turístico. Los procesos de gentrificación alteran la identidad de estos entornos y reducen la presencia de residentes, mientras que el turismo cultural pierde peso frente a modelos más intensivos y estandarizados. 

Todo ello refuerza la necesidad de adoptar una visión prospectiva. El sector debe avanzar hacia una planificación capaz de anticipar tendencias, integrar el turismo en la ordenación urbana y territorial, y adaptarse a los cambios demográficos, sociales y económicos de los mercados emisores. 

La principal conclusión del VII Congreso ICTES es de un sector en transición, que empieza a asumir que el éxito, entendido exclusivamente en términos de crecimiento, puede convertirse en una amenaza, especialmente en este periodo de crisis geopolíticas globales. 

Repensar el turismo ya no es una opción, sino una necesidad estratégica. De no hacerlo, el riesgo de morir de éxito dejará de ser una advertencia para convertirse en una realidad tangible.