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RubiGo: viajar como propósito, emprender como destino propio

RubiGo: viajar como propósito, emprender como destino propio
RubiGo: viajar como propósito, emprender como destino propio

Viajar es, a veces, una forma de encontrarse. Otras, una manera de empezar. En el caso de Felinson de la Cruz, fue ambas cosas: un impulso íntimo que terminó abriendo rutas para otros. Así nació RubiGo, una agencia que no solo vende boletos o excursiones, sino que construye experiencias con cercanía, paciencia y un sentido casi artesanal del servicio.

RubiGo ofrece desde resorts y boletos aéreos hasta excursiones locales y paquetes educativos. Gestiona  viajes hacia destinos como Polonia, Aruba o Colombia, y también recorre la geografía dominicana con propuestas hacia Montecristi, Constanza, Jarabacoa o Isla Saona. Pero más allá del catálogo, su esencia está en la forma: acompañar al cliente desde el primer paso hasta el regreso.

La idea surgió de algo sencillo y cotidiano: compartir. De la Cruz comenzó a  viajar con frecuencia, publicando imágenes en redes sociales que despertaban preguntas constantes. “¿Cómo lo haces?”, “¿Cuánto cuesta?”, “¿Dónde es?”, le repetían. En esas preguntas encontró una necesidad: el deseo de viajar existía, pero faltaba una guía confiable, cercana, humana.

“Las personas prefieren viajar con alguien que también ama viajar”, resume. Y en esa lógica, decidió formalizar lo que ya era una práctica espontánea. Pasó de asesorías informales a estructurar una agencia con nombre propio y propósito claro.

El momento decisivo llegó en una conversación casual, en un restaurante. Una primera sociedad no prosperó, pero de ese intento emergió RubiGo, una marca que lleva en su nombre una historia personal: “Rubi”, el segundo nombre de su hija, unido al verbo inglés “Go”. Un impulso familiar convertido en identidad empresarial.

Como todo emprendimiento, el inicio estuvo marcado por desafíos: capital, local, mobiliario, registros. “Fue un reto muy grande”, admite. Pero no hubo espacio para la renuncia. “Trabajar, trabajar y trabajar incansablemente” fue la respuesta. Y también aprender: de clientes difíciles, de promesas incumplidas, de la necesidad de organizarse y profesionalizar cada paso.

Sus primeros clientes fueron amigos, cómplices del comienzo. Con ellos entendió que el turismo no es solo destino, sino vivencia. Que el líder no puede limitarse a vender, sino que debe involucrarse, experimentar, corregir. “No es solo mandar al cliente, es vivir lo que él vive”, explica.

Esa filosofía se ha convertido en el principal diferenciador de RubiGo. La agencia apuesta por una experiencia inmersiva, sin distinciones entre clientes, con un trato equitativo y cercano. Ofrece acompañamiento en procesos de visado, orientación personalizada y seguimiento constante. Desde el momento en que el viajero pisa el aeropuerto en Santo Domingo hasta su llegada al destino, hay una presencia que no se diluye.

RubiGo: viajar como propósito, emprender como destino propio

En un mercado donde la publicidad digital abunda, De la Cruz confía en otra estrategia: la recomendación. “Nada como un cliente satisfecho que cuenta su experiencia”, afirma. Y es ahí donde RubiGo encuentra su mayor fortaleza: en la confianza construida viaje tras viaje.

Para él, viajar tiene un significado que va más allá del ocio. Es una herramienta de transformación. “Conoces otras culturas, despejas la mente, reduces el estrés”, dice. Incluso ha visto cómo algunos clientes encuentran alivio emocional en el acto de descubrir nuevos lugares. Viajar, en ese sentido, también sana.

En lo personal, se define como alguien humilde, familiar, con deseo de superación. No concibe el emprendimiento solo como una vía económica, sino como una oportunidad para ayudar a otros. “Quise prosperar para ayudar al prójimo”, sostiene, marcado por las dificultades que ha observado en su entorno.

Su mensaje para los jóvenes dominicanos es claro y directo: empezar desde abajo, con humildad, sin obsesionarse con la apariencia. “Es mejor algo sencillo con buen servicio que un negocio de lujo mal manejado”, aconseja. Reconocer lo negativo, pero aferrarse a lo positivo. Y, sobre todo, amar lo que se hace.

En un país donde emprender es, muchas veces, un acto de resistencia, Felinson de la Cruz recuerda que también puede ser un acto de generosidad. Porque al final, viajar no es solo moverse en el mapa: es abrir caminos.